Sunday, December 16, 2007

LA CARTA


Una carta de Tununa Mercado a Felisa Pinto.


Escrito el 5 de septiembre de 1990. México.


Querida Felisa: Llegamos a México el 12 de julio, diez días después se murió Manuel y yo tampoco puedo creerlo. No lo había hablado todavía porque tuve una larga y intensa gripe mezclada con males de altura y quizás una depresión que quiso manifestarse. Y de pronto este golpe: un domingo por la manaña, nos llamó Tito Monterroso para darnos la noticia. Primera suposicíon, un sida, que enseguida desbaraté porque él me había insistido mucho, hace dos años, en su decisión de cuidarse hasta el extremo de la castidad, y recordamos que había un lejano problema cardíaco. Llamamos a Cuernavaca, a la probia casa de Manuel, y un amigo suyo muy cercano, nos dio el cuadro: el miércoles anterior lo habían operado de la vesícula y había salido bien de la operacíon; en la madrugada del domingo empezó a tener problemas respiratorios y finalmente murió de un paro cardíaco. Nos fuimos a Cuernavaca al rato, en ómnibus, mudos, envueltos en ese sin sentido de un viaje que debió haber sido para visitar a Manuel; el encuentro que no se dio, México como destino, Cuernavaca el paraíso final, y otras imágenes que son las propias del estupor de la muerte. Pensé muchísimo en vos, lamenté no tener un teléfono, imaginé que te estarías enterando en ese mismo momento por algún noticiero. En el velatorio estaban cuatro amigos, dos de ellos muy cercanos, Javier Labrada y Agustín, a quienes Manuel consideraba sus "hijas" (Rebeca y Jazmine, respectivamente, puesto que él era Rita, creo habértelo contado); afectadísimos, desconsolados y llorosos, no sabiamos qué decirnos. Su mamá: yo no la conocía, pero al darle mi nombre y mencionarle también el tuyo, me reconocío y a vos te recordó con mucho afecto. En su versión, Manuel había sido internado en una clinica local, de urgencia, con una vesícula muy inflamada y riesgo de peritonitis; de la operacíon había salido bien y no parecía disconforme con los médicos; con discreción traté de saber si él se hacía algun control o si estaba presente la cuestión cardiaca, pero la señora me dijo que había ido a hacerse ver porque tenía malestares - la cuestión de la vesícula -, y no agarró lo del corazón implicitó en mi pregunta. Manuel: su nombre y su muerte ya eran noticia por la TV y la radio. No te ahorro nada: se decidió cerrar hasta el día siguiente el velatorio para sacarla a Male de allí; a todos se los veía rendidos. Manuel quedó en su caja, cubierta de flores del jardin de su casa: blancas, rojas (las bellas bugambilias de Cuernavaca, nuestra santa rita), y de sus libros. Paradoja: su nombre desparramado por el mundo y esa soledad en el velatorio de Cuernavaca. Se había anunciado que lo traerían a México por unas horas antes de llevarselo a la Argentina. Nosotros teníamos que irnos a un coloquio en Xalapa y ya no estuvimos en ese alto en la capital, que fue el viernes. Hasta ahí es todo lo que supimos; lo demás lo imaginamos; viaje de Male con su otro hijo que vino al día siguiente de la muerte de Manuel, entierro en La Plata en el pantéon familiar - en el velorio me enteré de que el padre había muerto hacía poco -, acaso ciertos amigos que lo habrían velado y recibido. A mí, por supuesto, me parecía otra paradoja tristísima del destino que Manuel, que no había querido volver, regresara finalmente a la Argentina, y me dolía esa indefensión; en Cuernavaca no había ninguna señal argentina, ni siquiera una corona de la Embajada. Al cabrón del Colorado Ramos, embajador, lo llamaron los medios para que declarara algo acerca de la muerte de Manuel Puig, nada menos Manuel Puig, y el tipo contestó que oficialmente él no tenía ninguna noticia de que un argentino, así llamado, hubiese muerto. Pero después se subió al homenaje de cuerpo presente, que se hizo en la Sociedad de Escritores, y hasta se echó un discurso, imaginate si Manuel supiera... Apenas hace una semana, por Eduardo Rossi, otro gran amigo de Manuel, me enteré del segundo final: Manuel nunca fue llevado a la Argentina. De pronto, Male, que estaba convencida de que ella no se podía quedar en México sola, pero que tampoco dejaría a Manuel, y que por lo tanto no había otra solución que irse los dos a la Argentina, cobró conciencia de que no podía traicionarlo: decidió cremar a Manuel, ponerlo en una urna y llevárselo con ella a su casa de Cuernavaca. Y no regresó tampoco ella a la Argentina. Impresionante. La casa, muy grande, había sido instalada por Manuel, ella me contó que hay muchísimas plantas que él eligió especialmente, una alberca con agua siempre templada en la que nadaban todos los días. Yo creo que debe tener también claridad sobre sus años y sobre lo que le queda de vida, y no sé cómo serán sus días sin Manuel pero pienso que debe sentir que le fue leal y que supo "cuidar su muerte". Esto daría tela para que habláramos horas: el exilio de Manuel es algo más que "quedarse" en Río o preferir México, es una ruptura profunda en cuyo fondo yo creí ver siempre mucho terror, un terror primario. Mis respetos a Doña Male. Hay más elementos: Manuel debió saber, porque vivió en México, que no se pueden correr riesgos quirúrgicos en cualqueir clínica. Pudo haberse atendido en el mejor hospital de México, al que lo podría haber trasladado un servicio de ambulancia con personal paramédico de reanimación - no te dejan morir, así de simple -; pero decidió hacer todo en Cuernavaca. No había problemas de dinero, ni incertidumbres acerca de quiénes son los mejores cirujanos de México en ese campo, ni falta de conexiones: simplemente Manuel prefirió esa cliniquita "porque a la vuelta" de su casa, en última instancia "para que le quedara cerca a mamá". Y una última hipótesis: Manuel no habría dicho a los médicos que él había tenido algunos problemas cardíacos - Noé recuerda que uno de los motivos por los que se fue del D.F. fue porque la altura le sentaba mal, y sabemos que entonces, allá por el 76 o 77, él dejó de fumar y hacía caminatas diarias aconsejado por el médico -, y seguramente vos sabés más sobre eso. Esa es la parte de la historia que yo sé, y te la cuento, aun a riesgo de provocarte más desconsuelo.No iremos finalmente a los EUA, no se concretó. En cambio, nos quedamos más en México - Noé hasta marzo, yo quizás sólo hasta mediados de enero -, para lo cual tengo que salir y volver a entrar con nueva visa. No soy nada tonta, porque decidí ir a Nueva York y de regreso a Boston para ver a Verónica, mi sobrina, y a Mariclaire que estará dando allí un curso. Esto será alrededor del 25 de octubre ¿Cuantó tiempo quedas en Georgia? ¿Cuándo regresas a la Argentina? Mándame tus itinerarios, no estemos desvinculadas. Lamenté mucho no tener tu teléfono en España. No sé si llegué a pedírtelo, pues te habría llamado ese domingo fatídico.Estoy trabajando muchísimo; participé en dos encuentros y tuve que hacer por escrito las ponencias; hago mi traducción del libro de Soustelle sobre los otomíes, mis notas para Vogue, alguna otra nota sobre arte, y estoy en México como en mi elemento, pero no sin pagar físicamente el precio de estas muertes - llegando, por azar, me enteré de que se había suicidado una amiga mexicana, después se murió Matilde Herrera, el mismo día que Manuel -: gripe, infección intestinal, decaimiento.Ya estoy bien. México está prodigioso: música, teatro, presentaciones, coloquios. La semana pasada, el "coloquio de Noé", que fue en la Fac. de Ciencias Políticas, sobre el amor. Auditorio lleno permanentamente, gran delirio intelectual, una maravilla. Paralelamente se hacía el "coloquio de Octavio Paz" sobre "la libertad", con polacos, checos, rusos, etc., y locales: un despliegue de lugares comunes, de "embellecimiento" del capitalismo, que parece el modo que encuentran para celebrar el "fin del socialismo", sin ninguna o casi ninguna alusión a la pobreza o la justicia, y menos aún a los pobres. Yo me soplé todo un coloquio sobre Trotsky, a cincuenta años de su asesinato, con intervenciones teatralmente impresionantes, sobre todo de dos viejitos que fueron sus guardias en ese momento y del propio nieto. Creo que estos meses van a ser productivos e intensos; compramos una computadora y eso mejora las condiciones para todos, incluido por cierto Oliverio, que tiene que redactar su tesis y que está muy crecido, intelectual y físicamente. Lo estamos pasando bien, con muchos amigos y muchas invitaciones.Ojalá pudiéramos vernos en algún cruce, pero necesito saber tus días en EUA. Felisa, espero no haberte agobiado, pero tenía que escribirte así de largo y creo que respondo a tu necesidad. Te mando un párrafo de mi texto leído en Xalapa sobre Manuel: "Obras que fueron hechas por gente que respiraba con la cadencia de lo que se llamó "imaginario social", concepto que vino a mejorar el desgarramiento del binarismo porque destacó la capacidad de simbolización del sujeto y quizás recuperó esa antigua idea demiúrgica del artista profeta, o del poeta intérprete. Manuel Puig, ya no podrá hacer lamentablemete lo que nos gustaba que hiciera: una perspectiva captación de un aire difuso e inconsistente que se respiraba en ciertas relaciones humanas y que él hacía suyo para darle cuerpo en el texto. Se apoderaba de la situaciones sin atender a su valor social, más bien tomando a su cargo una medianía huérfana de luz, y adoptaba esos seres cándidos pero intercambiablemente perversos que en su inmanencia profieren, sin saberlo, el horror al que los ha confinado su manera de pensar, vivir, hablar o corresponderse. Estar a la escucha de ese imaginario que hablaba por esas bocas y hablarlo con su propia palabra era para Puig una disciplina, la que necesitaba para crear un texto desnudo, que era despojado ex profeso de los recursos que suelen soldar un relato, para crear una suerte de en sí descarnado, condición para llevar hasta sus últimas consecuencias el conflicto humano. Esa manera de estar con la Realidad, robándole los argumentos; esa devoción por el diálogo retratado o, mejor dicho, en su caso, por la película del diálogo, por su alto grado de representatividad, llegó a ser un delirio, llegó a ser casi una obstinación barroca". Abrazos de Noé, un beso grande para vos deTununa




Esta carta forma parte de:

"Manuel Puig: Una aproximación biográfica."
Una biografía multimedia en formato CD-ROM.
Investigación, entrevistas y compilación a cargo de Gerd Tepass.
Buenos Aires, junio de 2008.
ISBN 978-987-05-4332-9

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