Sunday, December 16, 2007

MANUEL PUIG: CONVERSANDO CON RITA HAYWORTH


Manuel Puig: Rita Hayworth


Escrito por Manuel Puig. Publicado en: POSTDATA , N° 2, enero/febrero de1974. Lima: Perú. 32-33.)


Fui a Mexico por dos días, una questión de contrato, y fíjense que el mismo día, desde Los Angeles, llegó Rita. Por una hora de diferencia no nos encontramos en el aeropuerto. A la mañana siguiente, abro el diario y ahí estaba ella. Entonces me ocupé de saber en qué hotel estaba y la llamé por teléfono. Con terror. Estaba en un hotel fastuoso que se llama Camino Real.Yo estaba aterrorizado porque no sabía cómo le había caído este asunto; estas mujeres, las actrices, son tan, tan ... imprevisibles. La llamé y no estaba; dejé dicho: el autor de tal y tal libro llamó, y va a volver a llamar. La llamé más tarde, a eso de las cinco, y ya había recibido la nota y me contestó en inglés:“¡Qué maravilla! ¡Qué gusto conocerlo!“ La cosa le había caído bárbaramente bien; no había leído el libro, pero su agente le había mandado todos los recortes de los comentarios. Estaba encantadísima y hablamos por teléfono como una hora; ella tenía esa noche una comida de presentación a los coproductores mexicanos de una película de clase A, que va a filmar con Robert Mitchum, dirigida por Ralph Nelson, el de Soldier Blue, quese llama La ira de Dios.Por teléfono, Rita estaba encantadora; es muy espontánea, muy cálida. Yo le decía que no podía creer que estuviera hablando con ella, que para mí había sido un mito, que cómo podía ser que fuese un ser humano; y ella me decía: “¡Pero le juro que lo soy! ¡Le juro!“ Por teléfono fue un amor increíble.Después fui a verla al hotel, pero ya le quedaban pocos minutos; ella se tenía que arreglar porque la venían a buscar para esta reunión que era muy formal y le parecía que allí no ibamos a poder hablar. La encontré muy, muy gastada. Yo tenía la boca seca, seca de la emoción; nunca me había pasado eso. Fíjense que yo ya la había conocido, de lejos digamos, en la filmación de una película en la que yo hacía un pequeño trabajo. Fue en España, en la filmación que ella hacía con Rex Harrison, en el año ‘61. Durante una semana, yo reemplacé a un muchacho; ayudaba con el script a una inglesa, traducía todo lo que venía en español. Yo no tenía contacto directo con ella, además no quería acercarme en esas condiciones. Había mucha nerviosidad en el set, y ella se llevaba muy mal con el marido, James Hill, que era el productor. Todavía no había escrito La traición... Ahora ya era distinto, cómo me iba a sujetar; ante todo quería saber cuál había sido la reacción de ella y ya no quedaba tiempo para comunicarme por medio de otra persona, porque yo me iba al día siguiente. Pero, más tarde, cuando la fui a ver, la cosa no funcionó tanto. Ella estaba muy, muy consciente de su envejecimiento; imagínense, yo no podía dejar de mirarle las manos, las piernas, la cintura, a mí se me iban los ojos. Y de eso ella se daba cuenta.Estaba como con miedo de decepcionarme; además no estábamos solos, había gente de la producción que ya estaba ahí para llevarla. Entonces fue un rato, un trago así tomado en su suite.Estaba vestida de negro con un vestido largo tejido, un jersey de lana, una cosa rara que no sé qué era que no le quedaba bien. No tenía nada en especial, ni joyas, ni nada. Descubrí que es supermiope; le llevé el diario de la mañana, donde estaba ella, porque me dijo por teléfono que no lo había visto. No podía leer unas letras así de grandes.Ahora yo creo que ella no se da cuenta que con los años ha ganado una madurez muy interesante; entonces está incómoda porque no es lo que era antes. Está muy, muy gastada; pero siempre tiene esos huesos, esa quijada, ese perfil especialísimo. En el hotel ya hablamos menos. Lo genial fue la conversación telefónica porque supongo que ella por teléfono, podía ser la Rita de Sangre y Arena, yo pienso que por teléfono, no sé, no sé, podía seguir en el otro personaje.Realmente no hubiera preferido verla porque la noté, así, como prevenida, lo cual por teléfono nada, nada; era una espontaneidad total, hablamos, hablamos. Imagínense que la carrera de ella la he seguido tanto y me interesa tanto el tipo de valor de ella, esa cosa tan magnética; no me interesa el progreso que pueda haber hecho como actriz, sino una cualidad muy especial que es la que la cámara puede registrar, que a veces ni siquiera un interlocutor frente a frente puede sentir. Una cosa propia de la cámara, que la cámara descubre en cierta gente: ella es un animal cinematográfico y eso fue lo que me interesó siempre de ella.Entonces hablamos; yo le contaba de las escenas de ella que me parecieron geniales en sus películas de esto, de lo otro, cuántas veces tuvo que repetir tal toma o tal otra. Ella me preguntó por que era el título de mi novela; yo le expliqué un poco, pero ella ya lo sabía porque había leído los comentarios. Estaba segura de que la novela iba a ser filmada. Estaba muy contenta porque como allá está considerada una cosa prestigiosa esta novela, ella se ve asociada a una cuestión de prestigio.Lástima que personalmente la cosa se dio así, porque yo le hubiera preguntado cosas tremendas; por ejemplo, ella tuvo un romance con Víctor Mature que era continuación de una película que habían filmado juntos."Una chica con sal“, en el año ‘42. De ahí siguió toda una cosa que, imagínense, yo como espectador quería saber cómo había seguido; era como una continuación de una película que no me habían dejado ver, que me habían escamoteado. Yo quería que me contase toda la cuestión, pero por teléfono era imposible y personalmente fue todo muy breve y no en el mismo tono. No quise preguntarle nada sobre ella y Orson Welles porque para ella fue una época frustrante: lo que filmó con él, “La dama de Shangai“, fue muy malo, sobre todo desde el punto de vista de ella. La película tenía interés, pero ella no estaba bien. De cualquier manera, ahore sigue estando, estupenda sin joyas, con el pelo casi sobre los hombros y casi sesenta años.



Este artículo forma parte de:

"Manuel Puig: Una aproximación biográfica."
Una biografía multimedia en formato CD-ROM.
Investigación, entrevistas y compilación a cargo de Gerd Tepass.
Buenos Aires, junio de 2008.
ISBN 978-987-05-4332-9

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