Sunday, December 16, 2007

LA HOMOSEXUALIDAD NO EXISTE


Manuel Puig: La vida vegetativa


Este 'extracto' forma parte de un texto preperado para una lectura en inglés sobre la censura. El título original se llama A Loss of readership.Presentado en De Baile, Amsterdam/Hollanda, 14.05. 1985. (Traducido por José Amícola).


[...] En la actualidad vivo en Brasil (desde 1980). El beso fue un gran "best-seller" allí y la pieza estuvo dándose por tres años consecutivos. Sólo Ios grupos gays no apoyaron la obra, pues criticaron el hecho de que yo no mostraba a un homosexual heroico, un modelo para generaciones venideras. He querido mostrar a un verdadero personaje gay, como muchos de los que conozco. Hubo cierta hostilidad, entonces, pero el público terminó amando a ese personaje y eso, en alguna medida, conformó a esos grupos. Hacia 1982 me torné un autor conocido en Brasil y los grupos gays militantes me presionaron para que hiciera declaraciones acerca de mi postura sexual, anunciando mi oficial "coming out of the closets". Sentí, entonces, que era un error dar un sello oficial a mi sexualidad y preferí proteger mi vida privada. Eso produjo una pequeña guerra secreta con la que nació un nuevo tipo de censura. En 1982 otra obra mía se empezó a dar en Río de Janeiro y los dos críticos gays la hicieron trizas. Dado que tenían cierta influencia, su boicoteo dañó carrera comercial de la pieza. Ahora voy a tratar de explicarles la injusticia que veo en ese boicoteo. Es innegable que los grupos de liberación gay han obtenido logros en el campo laboral, etc., pero como con el lema "black is beautiful", hay aquí un peligro de fortificar los muros del ghetto y ganar así sólo mayor alienación. Mi tesis es la integración. Y en el campo de la sexualidad yo veo sólo un camino para clarificar el ambiente -sé que esto puede sonar utópico, pero, ante todo, debe establecerse una cosa: la sexualidad no debe ser juzgada moralmente, es una actividad de la vida vegetativa, tanto como el comer y el dormir. Las diferencias en el goce sexual son tan banales como las diferencias de gusto en la comida o en las maneras de dormir. Dormimos con almohada o sin ella, eso es un hecho totalmente banal que no modifica nuestra identidad. Comemos una comida muy sazonada o no, pero ¿eso qué importa? El acto sexual es totalmente insignificante, lleno de goce y juego, en tanto hay consentimiento mutuo de las partes. El sexo no debería definir nada. Sin embargo, hace muchos siglos se inventó el concepto del pecado sexual y eso arruinó todo. Parece que fue la idea de un hombre, de algún patriarca, quien creó los roles de la esposa santa y de la pecadora de la calle por tener el excitante contraste entre la mujer de su casa y la de afuera. La humanidad está pagando, sin embargo, desde entonces por esta idea nefasta. Desde el momento en que se le da al sexo la dimensión moral se ve adulterado, pues su naturaleza es la inocencia misma, el puro instinto del placer. Ahora bien, se podría pensar que cómo puede ser el sexo considerado banal si se halla en los orígenes de la vida. Bueno, pienso que el verdadero origen de un nuevo ser debe estar en el deseo de los padres de crear una vida y no debe radicar en un accidente. Desde el momento en que la sexualidad es considerada moralmente, se crean y se magnifican los roles sexuales y a la gente se la pone bajo la presión, a temprana edad, de asumir una conducta sexual determinada con la que no siempre se coincide, pues se la conmina, además, a definir su apetencia cuando es todavía difusa y, dado el caso, cuando debía mantenerse siempre así. Creo que los roles sexuales son, en general, el producto de una presión social y no el resultado de las necesidades realmente humanas. Si el sexo no hubiera sido considerado trascendental y moralmente significativo, habría sido tomado con facilidad y así habrían aflorado las necesidades sexuales reales de cada uno. El resultado del estado actual de cosas es de represión y adulteración de los impulsos sexuales reales. Esto es por lo que yo no creo que la formación de una identidad gay sea correcta. La identidad no debe ser definida por una actividad sexual, porque el modo de la actividad sexual no debe tener significación. No debería existir tal cosa como heterosexual u homosexual. Los homosexuales no existen, son personas que practican actos homosexuales, pero este aspecto banal de sus vidas no debería establecer su identidad. La homosexualidad no existe, es una ficción de una mentalidad reaccionaria.



Este artículo forma parte de:

"Manuel Puig: Una aproximación biográfica."
Una biografía multimedia en formato CD-ROM.
Investigación, entrevistas y compilación a cargo de Gerd Tepass.
Buenos Aires, junio de 2008.
ISBN 978-987-05-4332-9

0 Kommentare: