Sunday, December 16, 2007

SUBLIME OBSESSION


CLAUDIA PRESENTA A : MANUEL PUIG EN "SUBLIME OBSESION".


Publicado en la revista Claudia, abril de 1973. Argentina. En colaboración con Manuel Puig



"Desde chico me gustó el cine, únicamente el cine." Así explica Manuel Puig el origen de esa gran pasión que, sublimada en literatura, ha hecho de él uno de los autores más leídos de América latina. Para ser fiel al autor de "La traición de Rita Hayworth" y "Boquitas pintadas", Claudia ha montado este reportaje con técnica cinematográfica. Desde el título hasta el "happy end". Por eso, también, los subtítulos evocan a la filmografía que hace unos lustros pobló el nostálgico mundo de "la pantalla de plata" con sus imágenes y su ficción.

CUENTAME TU VIDA
(Ingrid Bergmann y Gregory Peck. Direct.: Alfred Hitchcock.)

"¡ Ojalá pudiera! Pero, ¿por dónde empezar? Claro, sí, por un año clave: 1932."

SUCEDIO UNA NOCHE
(Claudette Colbert y Clark Gable. Direct.: Frank Capra.)

"Nací en General Villegas, un pueblo de la pampa argentina, en 1932. Mamá era una chica de cuidad recién diplomada, que trabajaba como química en el hospital regional; papá, de origen local, estaba tratando, sin capital, de encaminarse en un comercio."

EL PAN NUESTRO DE CADA DIA
(Karen Morsley y Tom Keene. Direct.: King Vidor.)

"Desde muy chico me gustó el cine, siempre el cine, únicamente el cine. La primera película que vi fue "La novia de Frankenstein", con Boris Karloff y Elsa Lanchester. Tenía entonces cuatro años. Recuerdo que, al principio, no quería entrar porque la sala a oscuras me inspiraba miedo, hasta que papá me llevó a la cabina de proyección y me tranquilizó. Desde ese momento el cine se convirtió en mi verdadera pasión, en el alimento que nutrió casi todos los días de mi infancia: algunas veces iba para acompañar a mamá que no se acostumbraba al pueblo chico; todas y cada una, para reencontrarme con el mundo verdadero. Porque, para mí, la ficción del cine era la verdad, "mi realidad", la única realidad que contaba; todo lo demás, mi casa, el pueblo, sólo equivocaciones, el resultado de haber caído, por error, en medio de una película de la "Republic", aquella modesta productora de Hollywood que hacía filmes de decorados pobres. A mí me encantaban las comedias musicales de Eleanor Powell o de Ginger Rogers (nunca le presté atención a Fred Astaire). "El gran Ziegfeld", ¡qué maravilla! Mis estrellas dramáticas favoritas eran, en cambio, la Luise Rainer, la Garbo, la Dietrich, todas las ultraterrenas. Y, por sobre todas, Norma Shearer, ¡la reina!"

VIVE COMO QUIERAS
(James Stewart y Jean Arthur. Direct.: Frank Capra.)

"Mamá era mi cómplice de este mundo maravilloso del cine: ella me leía los subtítulos y yo ya comprendía todo; también jugábamos a dibujar, en cartones, escenas de películas: en casa existían viejos libros de contabilidad de los que arrancábamos páginas, las recortábamos en cuadrados de diez por diez centímetros y, entonces, yo pedía: "¡Mamá, por favor, dibujá la película!" Y ella la realizaba. Recuerdo que la mejor que le salía era "Juárez", con Bette Davis y Paul Muni, y también algunas comedias musicales de la Metro -Goldwyn-Mayer... Mamá, en esa época, era gordita y yo deseaba que adelgazara para que se acomodora a "mi" realidad, a la gran superproducción de la Metro que era "mi" realidad, y pudiera así compartir cartel con Norma Shearer ... En cambio, papá... con respecto a él todo era más complicado... Papá quería que ingresara a su mundo, es decir, que aceptara jugar con otros chicos, que aprendiera a andar en bicicleta... Eso me creaba un gran conflicto. Mis recuerdos más lejanos están ligados a las sensaciones de un grandísimo malestar ante la gente y de una enorme placidez durante las funciones de cine donde yo no era más que una mirada. Y eso mamá lo comprendía."

LA ANTESALA DEL INFIERNO
(Eleanor Parker y Kirk Douglas. Direct.: William Wyler.)

"En 1940 comencé, en Villegas, la escuela primaria. A partir de la segunda semana de clase fui considerado el mejor alumno. El cine había sido para mí una especie de escuela especial que me había enseñado, desde muy chico, a comprender los problemas de los adultos, a tener una visión del mundo, a conocer el lenguaje de los grandes. Mientras que por un lado esa preparación me beneficiaba, por otro era contraproducente ya que me aislaba de mis compañeros y hacía casi imposible la comunicación...Por otra parte creo que, de entrada, rechacé cierto código que imperaba en la época: el de la explotación del débil por el fuerte, el del culto a la fuerza. Esta es la cuestión, precisamente, que me hizo rechazar la realidad. Yo descansaba en el mundo de Norma Shearer o en el de Greta Garbo, donde triunfaban la sensibilidad, la reflexión, la bondad, el sacrificio, el perdón, en los que esas virtudes se aplaudían y se vivían en primer plano, entre las mejores luces, con los temas musicales más refinados, con violines, con arpas...¡Qué maravilla! ¡Cuando sonaba un arpa, para mí, era el máximo! Por eso, cuando comenzaron las clases de religión tuve muchas dificultades porque yo ya tenía mi cielo, un cielo donde se premiaba el bien y se condenaba el mal, un cielo lleno de santas, entre las que reinaba, con todo esplendor, Norma Shearer. Mi necesidad de fe, de adoración, ya estaba colmada... En las horas que debía compartir con los demás, dibujaba escenas de películas o hablaba sobre ellas o me las hacía contar, como una semana de prolongar el mundo de la Metro, que era el mío."

LA MALVADA
(Bette Davis, Ann Baxter y George Sanders. Direct.: Joseph Manckiewicz.)

"En 1942 comencé con mis lecciones de inglés, el idioma del cine: en clase me sentía con un pie en Hollywood cuando, en relidad, estaba a doce horas de tren de Buenos Aires. Mis películas favoritas de entonces eran "Rebeca, una mujer inolvidable" y "Lo que el viento se llevó". No me gustaban, en cambio, las nuevas comedias musicales (las de Betty Grable, por ejemplo); echaba de menos el fasto y la irrealidad de los años treinta. Entre las actrices prefería a las cálidas (la Garson y la Rogers) y entre los actores a los suaves (Tyrone Power y Robert Taylor). Me encantaba, también, Diana Durbin. Recuerdo que, en tercer grado, me enamoré de una chica porque era muy Hollywood, muy del mundo de Diana Durbin, con su raya al medio, su permanente en las puntas, tal cual, tal cual...Con ella jugábamos a representar películas de aventuras, sobre todo " El hombre de la máscara de hierro"...¡Qué curioso! Con la máscara yo podía actuar frente a ella. Es posible que como tenía un gran rechazo por los personajes masculinos agresivos, la máscara evitaba que tuviera que poner cara de malo para identificarme con ese tipo de héroe...Entre ella y yo se movía un tercer protagonista: un chico muy agresivo, a quien odiaba. Cierto día descubrí que, entre ellos y a pesar de mí, se había establecido una relación secreta, es decir, que mi amiga había aceptado los esquemas vigentes: la mujer siempre tomada por asalto, el fuerte atacando su fortaleza y el débil admitiéndolo. En Hollywood eso nunca hubiese pasado. En el mundo de Norma Shearer no había lugar para la traición ni para el engaño...En 1943 murió un hermano recién nacido, un muchacho de quince años intentó violarme, mamá cambió de actitud: se dio cuenta de que tenía que ayudarme y me quiso mostrar la realidad. Yo, otra vez, cerré los ojos. Durante los tres años siguientes no crecí ni un centimetro."

CABALLERO SIN ESPALDA
(James Stewart y Jean Arthur. Direct.: Frank Capra.)

"Como en Villegas no había colegio nacional comencé la secundaria, en Buenos Aires, como alumno pupilo. Era el más pequeño de la clase. La vida allí fue atroz. ¡Y yo creía que dejando el pueblo atrás ingresaría finalmente en la Metro-Goldwyn-Mayer! Mis compañeros eran crueles: la agresividad en ellos era un juego aceptado y respetado; todos representan papeles de hombres fuertes y necesitaban del débil para mantener esa situación. Extrañaba tremendamente a mi madre. Mi único consuelo era la matiné de los domingos en un cine de estreno. Fui allí que, por primera vez, oí el nombre del Doctor Freud en "Cuéntame tu vida" (me sonó mal: parecía el nombre de un villano del cine, tipo nazi). Hablando de esta película, me hice amigo de un compañero judío: descubrí que él sabía todo lo referente a Freud y sentí que ser el mejor alumno no significaba tanto como yo había pensado. Dejé, entonces, de estudiar mis lecciones y empecé a leer a Hesse, Huxley, Sartre, Thomas Mann. La primera novela no adaptada que leí fue "La sinfonía pastoral" de André Gide -regalo de mi amigo-, porque iba a llegar al cine interpretada por Michele Morgan. Al mismo tiempo descubrí el placer de la lectura...También mi amigo me enseñó que no todas las películas venían de Hollywood. Sin embargo, yo me resistía a ver un film donde no actuaran mis estrellas favoritas (en ese momento, Ingrid Bergmann, Crawford y De Haviland). Incitado por él, vi "Crimen en Paris", un policial de H. G. Clouzot, que me fascinó. Allí la estrella era el director. A través de esa película descubrí, finalmente, lo que quería ser: director de cine. Ya que no podía ser Tyrone Power o Ginger Rogers o Robert Taylor o Eleanor Powell, podía ser Clouzot. Primer paso: estudiar seriamente francés e italiano, los "nuevos" idiomas del cine.

Hoy es mañana
(Linda Darnell y Dick Powell. Direct.: René Clair.)

"En 1950 me recibí, a pesar de todo, de bachiller. Había llegado el momento de decidir qué iba a hacer con mi vida. Mi única vocación era el cine, pero dentro de la industria cinematográfica no conocía a nadie. Por otra parte, mi familia me presionaba para que completara mi educación. Entré, así, a la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires: como no la pude soportar, al año me pasé a Filosofía...Una catástrofe: Perón cerró la importación de filmes. Comencé a ver películas argentinas sin ningún agrado porque no me permitía la evasión; eran un poco la triste prolongación de esta otra realidad. La única actriz que me trasportaba a otro mundo era Mecha Ortiz, una mujer de un clima especial, de una temperatura diferente...Empecé a comprar "Photoplay", una revista chimentera. Hollywood comenzaba a decepcionarme: los directores no eran suficientemente personales, mis estrellas estaban envejeciendo y no les encontraba reemplazantes, con excepción de Marilyn Monroe. En "El ocaso de una vida" adoré a Swanson...En 1951 me asfixiaba en Filosofía. Pedí permiso para ver la filmación de "Deshonra": su director - a quien abordé en la calle- me lo negó. Entré en el estudio y pedí hablar con Fanny Navarro, su protagonista; ella me pasó a Herminia Franco, quien, por fin, consiguió el permiso. Terminada la película se había hecho notoria mi puntualidad. Se me ofreció,entonces, un pequeño trabajo, pero hubo inconvenientes con el sindicato. Volví a Filosofía. En 1953 me tocó el Servicio Militar: año atroz, en una oficina de Aeronáutica, como traductor. Había obtenido mis diplomas de lengua y literatura francesas e inglesas. A pesar de todo, el futuro se presentaba incierto.

ROMA CUIDAD ABIERTA
(Anna Magnani y Aldo Fabrizzi. Direct. Roberto Rossellini.)

"En 1955 terminé mis estudios de lengua y literatura italianas en la Dante y obtuve una beca para viejar a Italia. Con mis tres idiomas cinematográficas bien aprendidos estaba seguro de triunfar. La Argentina quedaba atrás y yo iba en búsqueda de mi Hollywood perdido. Sin embargo, la escuela de cine de Roma -Centro Sperimentale- fue una decepción: fuera del neorealismo no existía nada para ella; el cine de autor era anatema. Zavattini llegó a decir que el film ideal sería el de seguir una señora desde el momento en que sale de su casa y va a comprarse un par de zapatos hasta que vuelve; que, en ese acto, estaba encerrada la vida total. Antonioni y Fellini estaban haciendo sus primeras cosas y eran como unos inadaptados. ¡Y qué decir de Hollywood: sólo una mala palabra!...En el Centro Sperimentale no terminé ni el primer año, pero tampoco conseguí trabajo en Cinecitta, donde solamente realicé prácticas con De Sica y con Clément. Lo mismo me pasó en París: no tenía contactos, no conocía a nadie. Los filmes europeos me estaban rechazando; los americanos ya no me gustaban ¿qué me quedaba que fuese sagrado? Sólo los recuerdos de mi infancia en el cine de mi pueblo... En 1958 me fui a Londres: allí, mientras daba lecciones de español a domicilio y lavaba platos en un restaurante de gente de teatro, escribí mi primer guión, una mezcla de "Wuthering Heights" y de "Té y simpatía", en mal inglés, para Vivien Leigh. Su título: "Ball cancelled"...En Estocolmo seguí lavando platos y escribí mi segundo guíón: "Summer indoors", una comedia sofisticada, inspirada en los films de Irene Dunne y Cary Grant, de diálogo ingenioso, en pésimo inglés...Yo intentaba hacer cine de dos maneras: o como asistente de dirección (para aprender el oficio) o como libretista. Pero, en ninguna de las dos formas me sentía bien. En los ambientes de filmación había guerra, agresión, autoridad; si uno quería ser escuchado debía gritar y pisar fuerte; las órdenes había que trasmitirlas con seguridad y convicción. Mi severa autocrítica y miinseguridad hicieron fracasar mis intentos: en el set nadie me hacía caso. En cuanto a los guiones, como para mí no existía el castellano ni la Argentina ni sus problemas -aquello era un film de la "Republic"- escribía sobre conflictos que se desarrollaban en castillos ingleses, tipo "Rebeca", y en inglés. Mientras los hacía estaba entusiasmado, pero cuando veía el producto terminado me daba cuenta que no eran más que "refritos" de películas que me habían impresionado, filmes de la década del treinta. Copiaba y copiaba mal. No creaba. Sólo trataba de prolongar, a través de mis libros, aquellas horas de espectador infantil. La situación era dramática: estaba por cumplir treinta años y yo, que había despreciado una carrera universitaria, no había querido ir a trabajar con papá, había renunciado a muchas cosas que dan seguridad, descubría, de pronto, que mi gran vocación por el cine no era tal, que todo era una enorme equivocación. Entonces, desilusionado, regresé a la Argentina."

SOY UN FUGITIVO
(Paul Muni. Direct.: Mervyn Le Roy.)

"Corría el año 1960 y yo ya había podido entrar en el hermético sindicato cinematográfico argentino cuando comenzaron a realizarse coproducciones y a necesitarse asistentes que hablaran idiomas. Trabajé así en tres filmes, por primera vez con sueldo. Allí me terminé de convencer de que no me gustaba nada el trabajo de filmación y abandoné...Aconsejado por amigos inteligentes escribí mi primer guión en español: trataba sobre un episodio de la época peronista. Obtuve elogios por el diálogo, pero objeciones por el tratamiento; indudablemente, no conocía el tema. Seguía siendo un fugitivo...En 1961, volví a Roma por un trabajo de cine, que duró poco. Entre traducciones y clases, proyecté un nuevo guión en español, pero basado en cosas que yo había experimentado, que había vivido. Fue así que buscando entre los recuerdos de mi infancia, tropecé con un primo mío, que vivía con mi familia, y recreé sus romances de adolescentes. Para poner distancia con ese material autobiográfico planeé escribir una descripción (para mi uso exclusivo) de cada protagonista de la historia. Sin embargo, no sabía cómo encarar ese trabajo. De pronto, oí la voz de una tía que hablaba sobre mi primo como lo había hecho veinte años atrás. Transcribí su descripción y ese monólogo que debía ocupar una página llenó veinticuatro. A partir del segundo día de trabajo, me di cuenta que lo que estaba realizando era una novela. Es decir que tratando de resolver un diálogo encontré el monólogo interior, la forma narrativa principal de "La traición de Rita Hayworth", mi primera obra. La experiencia comenzaba a hacerme sentir bien."

LA MEJOR DE NUESTRA VIDA
(Fredric March y Dana Andrews. Direct.: William Wyler.)

"Fue en ese momento que decidí alejarme de Roma. Siempre había querido conocer Estados Unidos: Hollywood, Nueva York, las comedias musicales de Broadway. Y pegué el salto. Con tarjeta de inmigrante podía conseguir un trabajo tranquilo, que no me exigiera mucho mentalmente y que me dejara tiempo para escribir. Entré en Air France, aeropuerto Kennedy. La novela se había convertido en la historia de mi infancia, en las razones que me habían llevado al fracaso: a los treinta años no tenía carrera, dinero ni vocación. Buscando aquellas razones encontré la actividad que se avenía a mi carácter: escribir. Era perfecta para mí; podía trabajar con tranquilidad, permitirme todas las dudas, corregir hasta el infinito. De 1962 a 1965 pasé lo mejor de mi vida, escribiendo, sin pensar en estrellas ni en directores...ni en editores. En febrero de 1965, terminé "La traición...". Como yo no conocía a nadie dentro del ambiente literario, el fotógrafo Néstor Almendro, gran amigo mío, después de leerla, le pasó los originales al escritor español Juan Goytisolo, quien decidió enviarme al concurso que cada año organiza Seix Barral, de Barcelona. Allí salió finalista, a un voto del ganador ("Ultimas tardes con Teresa", de Juan Marsé) y comenzó su peregrinación por España, corrida por la censura. Por fin, en 1968, apareció en la Argentina, editada por Jorge Alvarez...Un toque hollywoodiano: dos años antes, la editorial francesa Gallimard la había tomado para su publicación...Cuando "La traición..." apareció en Buenos Aires las críticas fueran tibias. Después de tres años de escribir y de tres años y medio en busca de un editor, la frialidad de la acogida fue una gran desilusión. En 1969, Gallimard, finalmente, publicó la traducción y, en su balance anual de julio, el diario "Le Monde" la seleccionó entre las mejores novelas del periodo 68-69. En septiembre de ese mismo año, mi folletín "Boquitas pintadas" fue editado como libro y mi nombre, ayudado por el éxito de la crítica francesa, era ya una curiosidad. Las traducciones portuguesa e italiana de esta novela figuraron en las listas de los mejores libros del año. La traducción norteamericana de "La traición..." fue elegida por el "New York Times" como una de las mejores publicaciones de 1971. Y, ahora, Editorial Sudamericana se prepara para lanzar mi tercera obra: "Buenos Aires Affair", una novela policial...La aceptación de mis libros, el éxito, representa para mi una sola cosa: la posibilidad de vivir de la literatura y de seguir escribiendo. A través de la escritura pude, por primera vez en mi vida, abordar la realidad. Es la primera vez, también, que tengo la sensación de tocar algo sólido, de pisar sobre tierra firme, de sentir el fondo... ."

INTIMIDAD DE UNA ESTRELLA
(Ida Lupino y Jack Palance. Direct.: Robert Aldrich.)

"Yo no siento que mis cosas tengan mucho que ver con el resto de la literatura latinoamericana. Mi gusto por los géneros desprestigiados -el folletín y la novela policial-no es común con nadie. He tratado y trato siempre de hacer una literatura muy discreta, una literatura que sea espectáculo; y cuando digo espectáculo estoy confesando mis sinceras intenciones de escribir para agradarle a quien, supongo, tiene mis mismos gustos. No hay elección: uno escribe sobre lo que siente como inevitable, como problema propio, como parte de sí mismo. No se puede escribir para demostrar. El olor a panfleto es horrible. Nunca comencé una obra diciendo: "Voy a escribir sobre tal cosa." Han sido, más bien, especies de obsesiones las que me han creado la necesidad de indagar sobre ciertos temas. Por ejemplo, en "La traición de Rita Hayworth" ha sido la obsesión de querer enfrentarme con mi fracaso, con las razones que me impidieron entrar en el mundo del cine, adaptarme a sus leyes, reconocer la realidad. La acción se desarrolla alrededor de ese chico que va al cine y cuenta las películas a quien lo quiera oír y, también, alrededor de los seres que tienen tiempo para escucharlo. Pero, al tratar ese tema, me quedaron en el tiempo una cantitad de personajes que me fascinaban y de los que tenía muy pocos datos: eran los triunfadores -la reina de la primavera, el médico del pueblo, los Don Juanes, los políticos-, héroes con los que construí mi segunda novela. "Boquitas pintadas". Buenos Aires fue mi tercera obsesión: en "Buenos Aires Affaire" trato de encarnarla en personajes. Elegí la novela policial porque creí que era la forma que más se avenía a su contenido: tenía la sensación de una Buenos Aires reprimiendo una gran violencia. ¿Cuál será mi próxima obsesión? No sé, ¡pero ojalá que sirva para hacer una comedia musical!".

DE AQUI A LA ETERNIDAD
(Deborah Kerr, Burt Lancaster y Frank Sinatra. Direct.: Fred Zinnemann.)

"Después de tantas vicisitudes existenciales, de tantas vicisitudes editoriales (cuatro editoriales me rechazaron en España y Argentina, seis en Estados Unidos, cuatro en Italia, dos en Brasil, cinco en Alemania, cinco enInglaterra, etc., el final feliz me recuerda el film "Adiós, Mr. Chips", en el que el pobre maestro -Robert Donat-, viejito y olvidado en la pobreza, es rescatado, de pronto, por aquellos niños -ahora ya adultos- que él había cuidado con tanto amor, sacrificando su felicidad. Entonces, yo tenía razón. Hollywood no miente.
¡Hollywood me dijo la verdad! The end!"





Este artículo forma parte de:

"Manuel Puig: Una aproximación biográfica."
Una biografía multimedia en formato CD-ROM.
Investigación, entrevistas y compilación a cargo de Gerd Tepass.
Buenos Aires, junio de 2008.
ISBN 978-987-05-4332-9

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